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El Credo Niceno

Este Credo (también conocido como Credo de Nicena), designado como una norma autoritativa de la enseñanza ortodoxa, se formuló en el primero de los concílios ecuménicos —en Nicea (325).

En el Concilio de Constantinopla (381) se obtuvo una segunda versión del Credo, el así llamado Credo Niceo-Constantinopolitano, y se acepta tanto en el Este como en el Oeste.

Pero no fue finalmente sancionado en su forma actual hasta el Concilio de Calcedonia (451). Este es el credo reconocido tanto por la Iglesia Oriental como por la Occidental, de la cual ha sido heredada por el Protestantismo ortodoxo.

Como el Credo de los Apóstoles, forma parte de la liturgia de la Iglesia en Inglaterra y la Iglesia Protestante Episcopal. También, igual que el Credo Apostólico, el Credo Niceno intenta en parte excluir puntos de vista heréticos, en particular la herejía Ariana que negaba la igualdad del Hijo con el Padre. Así, afirma que Jesús Cristo es de la misma substancia que el Padre (homoousia - misma esencia (diferente a: homoiousia - similaridad de esencia)). Las iglesias occidentales eventualmente adoptaron una cláusula “filioque” (voz latina que significa “y del Hijo”, y que corresponde al Símbolo que la Iglesia Católica hace recitar en la misa: "Creo en el Espíritu Santo..., que procede del Padre y del Hijo"; la expresión no figura en el texto del Símbolo de Nicea), la cuál asevera que el Espíritu procede del Hijo al igual que del Padre.

En la versión abajo mostrada, lo que está en letra itálica corresponde con lo que se agregó al Credo original del 325, mientras que las partes que posteriormente se omitieron, están entre corchetes.

Creemos en un solo Dios
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creemos en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre
(el único nacido,
esto es, de la substancia del Padre)
antes de todos los siglos:
(Dios de Dios,)
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios Verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza que el Padre,
por quien todo fue hecho
(tanto en el cielo como en la tierra);
que por nosotros los hombres,
y por nuestra salvación,
bajó del cielo.
Y se encarnó
por obra del Espíritu Santo
y de María la Virgen,
y se hizo hombre.
Y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato:

padeció
y fue sepultado,
y resucitó al tercer día
según las Escrituras,
y subió al cielo,
y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creemos en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre

[y del Hijo],
que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas;

Creemos en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Reconocemos un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.
Esperamos la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.

We believe in God,
the Father almighty,
maker of heaven and earth, and of
all things visible and invisible.

And in one Lord Jesus Christ,
the only begotten Son of God,
begotten of the Father
(the only begotten,
that is, of the substance of the Father)
before all worlds
(God of God and)
light of light,
very God of very God,
begotten, not made,
of one substance with the Father;
by whom all things were made
(both in heaven and on earth);
who for us men,
and for our salvation,
came down from heaven,
and was incarnate
of the Holy Spirit
and the Virgin Mary,

and was made man;
and was crucified for us
under Pontius Pilate,
and
suffered,
and was buried,
and the third day rose again,
according to the Scriptures,
and
ascended into heaven,
and sits at the right hand of the Father,
and
comes again with glory
to judge the living and the dead;
whose kingdom will have no end.

And in the Holy Spirit,
the Lord, the giver of life,
who proceeds from the Father

[and the Son],
who together with the Father and the Son,
is worshiped and glorified,
who spoke through the prophets.

In one holy catholic and apostolic
Church.
We acknowledge one baptism
for the forgiveness of sins.
We look for the resurrection of the dead,
and the life of the world to come.